La Vida y Obra de

 JESUCRISTO

 

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En Sintonía con una

palabra de Dios

Relevante.

 

Dr. Elio M. Rivera

 Introducción

     

      Quiero iniciar esta introducción, diciendo que cree esta página Web acerca de la vida del Señor Jesucristo por la gran necesidad de conocerle de una manera más profunda.

En los inicios de mi Cristianismo, mi conocimiento acerca de la vida y la obra del Señor Jesucristo fue muy superficial y limitado. Desafortunadamente, las iglesias en las que tuve la oportunidad de asistir, dedicaban, la mayor parte, su esfuerzo, a enseñar temas acerca de la doctrina del Señor Jesucristo,  pero desafortunadamente se predicaba poco acerca de Su vida y Su obra.

Si bien es cierto que se mencionaba el nombre del Señor Jesucristo con frecuencia, también es cierto que se compartía poco de su increíble carácter, que fue en realidad, el que trajo el fundamento para lo que nosotros conocemos como “La Era Moderna”.

Por años he visto cómo la Iglesia moderna canaliza la atención de su predicación a la enseñanza de Jesucristo, y a lo que puede lograr un ser humano.

Frecuentemente ponemos más atención hacia un predicador, o un hombre de fe, por los logros que éstos han alcanzado, o por las maravillas que se manifiestan a través de sus ministerios. Pocas veces nos ponemos a pensar que el responsable de que ocurran maravillas y milagros es Jesucristo, y no la habilidad de algún predicador o ministro.

Jesús fue claro y específico, al recomendarnos que pusiéramos nuestra atención en Él.

 

Y Yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.

Juan 12:32

 

Sinceramente creo que los creyentes hemos equivocado el rumbo, y muchas veces alabamos más el don, o la manifestación de los dones espirituales, que ocurren en una persona, que  al Señor Jesucristo mismo.

¡Jesucristo es el responsable de que las manifestaciones de poder sucedan; no nosotros! En la medida que me he profundizado en el estudio de Su vida, me doy cuenta que soy irrelevante para su manifestación.

En realidad, sólo soy responsable de presentarlo a Él. Y cuando Él se hace presente, ocurren cosas maravillosas.

Después de todo, fue Él quien nos prometió descanso, paz, provisión, una vida nueva y muchas cosas más.

Recuerde: Él fue quien se comprometió a suplir las necesidades del ser humano, y no nosotros.

Por años me sentí de alguna manera responsable, porque ocurrieran cosas maravillosas y milagrosas en los momentos que yo compartía el Evangelio.

Ahora ya no pienso así, pues estoy convencido que dentro del ser humano no existe poder para poder cumplir lo que Jesucristo prometió.

Las promesas que el Señor Jesús hizo son enormes, y sólo Él las puede cumplir.

Ahora entiendo que sucederán abundantes prodigios y milagros con tan solo levantarlo a Él, y recordar lo que Él prometió.

Aún recuerdo con claridad el día que Dios empezó a cambiar todo mi sistema de creencias con respecto al Señor Jesucristo. En aquel entonces vino a nuestra ciudad un predicador; lo que él dijo cambió el rumbo de mi vida cristiana. Este predicador nos retó a orar todos los días la oración que el Apóstol Pablo dejó escrita en la epístola a los efesios:

 

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu. Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos, cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura. Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

Efesios 3:14-19

 

La verdad de esta porción de La Escritura quedó grabada con fuego en mi corazón, y practiqué esta oración por más de seis años. Y aparentemente en ese tiempo no recibí ninguna respuesta a la misma.

Muchas veces Dios contesta nuestras oraciones, pero de una manera totalmente diferente a la que esperamos.

Francamente no me daba cuenta que el Espíritu de Dios me iba guiando hacia la persona de Jesucristo de una manera que no podía percibir. Por ejemplo: En ese tiempo pude percibir por primera vez la pasión que tuvo la Iglesia primitiva para predicar el mensaje del Señor Jesucristo. Y cómo ellos, en tan solo 300 años, conquistaron los corazones de los ciudadanos de uno de los imperios más corruptos que han existido.

Asimismo, me di cuenta que los evangelios no eran otra cosa más que cuatro puntos de vista diferentes de ver la persona del Señor Jesucristo, y que podían ser ordenados en forma cronológica.

También, en esos años me nació el deseo de hacer viajes a Israel. Y para no hacer larga la historia, debo reconocer que el Señor comenzó a contestar mi oración. De conocerle a Él de maneras inesperadas.

Sin embargo, no fue hasta que me cambié a la ciudad en la que ahora vivo, que Dios me permitió iniciar mi búsqueda personal de Jesucristo.

En ese período de mi existir me dediqué a leer cientos de veces los evangelios, y decidí unir los cuatro evangelios en uno, y en la medida que lo hacía, una fascinación por conocer la vida y la obra el Señor Jesucristo comenzó a dominar mi vida.

Mientras más estudiaba los evangelios, más me daba cuenta que la religiosidad, la mala información y las tradiciones habían sepultado gran parte de la personalidad y el carácter del Hijo de Dios.

De ese primer esfuerzo de investigación, nació el primer libro acerca de la vida y la obra del Señor Jesucristo. Y con vergüenza declaro que en ese lapso de mi existencia, fue la primera vez que pude reconocer conscientemente la grandeza del Señor Jesús, y que deseaba que Él gobernara mi vida.

A ese libro le siguió otro, y ahora mismo estoy trabajando en el tercero y cuarto; espero en Dios que para el final del año 2013, haya terminado mi séptimo libro acerca de la vida y la obra de Jesucristo.

Lo único que puedo decirle es que entre más estudio la vida del Señor, más hambre se despierta en mí por conocerle de una manera más profunda. Y entre más me profundizo en mis investigaciones acerca de Él, más me doy cuenta de la mala información que existe acerca de Su vida y obra.

Para poder explicar de una manera gráfica la gran desinformación que existe acerca de la persona de Jesucristo, escogí un cuadro, pintado por un de los grandes genios de la pintura universal. En la siguiente sección veremos de nuevo la representación de La Santa Cena, cuya autoría se le atribuye a Leonardo Da Vinci.

 

                   

Por mucho tiempo esta pintura me deslumbró, y lejos estaba yo de imaginarme que lo que se presenta aquí es sólo una completa distorsión de ese momento tan especial que vivió El Maestro con sus primeros seguidores.

Por mencionar algunas distorsiones, empezaré diciendo que el ropaje de los discípulos, y del mismo Jesucristo, era cien por ciento europeos. Los judíos del siglo I jamás se vistieron de esta manera, y menos usaron ese tipo de tela y colores.

En la pintura también se puede ver al Señor Jesús, sentado a la mesa. Para el que no sepa, este tipo de mesas no se usaban para celebrar La Pascua entre los judíos en esa época.

Otra distorsión que podemos observar es que en la mesa se encuentra pan con levadura, lo cual estaba completamente prohibido para la celebración de la fiesta de La Pascua.

Asimismo, podemos ver que por su aspecto, los discípulos de la pintura podían tener fácilmente entre 30 y 60 años. Si uno estudia la Biblia, y las costumbres culturales de esa época, se dará cuenta fácilmente que al momento que los Rabís escogían a sus discípulos, éstos no pasaban la edad de los 18 años.

Finalmente, puedo decir que la mayoría de los discípulos son representados con rasgos europeos, y no semíticos.

Como puede ver, Leonardo Da Vinci pintó a Jesucristo de acuerdo a su percepción y conceptos culturales. Pero… ¿Era realmente Jesucristo como lo pintó Da Vinci? La respuesta definitiva es… ¡No!

Leonardo da Vinci pintó a Jesucristo de acuerdo a su imaginación, su realidad y sus conceptos culturales. Para nuestra desgracia, puedo decir que a lo largo de estos 2 mil años han surgido muchos “Leonardos”, que han descrito a Jesucristo de acuerdo a su imaginación y concepto propios.

El objetivos de esta página y los productos que se ofrecen en ella es llevarlo a usted a una “excavación arqueológica e histórica” (por llamarla de alguna manera), para que juntos descubramos la verdadera personalidad del Maestro.   

Y que quede claro, no pretendo saberlo todo en cuanto a Su vida. De hecho, siento que me queda muchísimo por aprender acerca de la vida y la obra del Maestro, y que en el tiempo que me queda de vida no terminaré de conocerlo.

No obstante, si logro despertar el hambre en otras personas, por hacer lo mismo que estoy realizando, me daré por satisfecho.

Siento una enorme necesidad, porque los cristianos de la época moderna vuelvan a encontrarse con el Jesucristo que vivió hace más de 2 mil años. ¿Y por qué no? también con el Cristo resucitado.

Estoy seguro que la combinación del conocimiento de estos dos aspectos de la persona del Señor Jesucristo nos llevará a una reforma de pensamiento y comportamiento que nos permitirá culminar la obra de Jesucristo en el tiempo que nos ha tocado vivir.

Necesitamos levantar la cosecha de almas, y jamás podremos hacerlo de una manera efectiva si ignoramos o tratamos de una manera superficial la persona de Jesucristo.

En la medida que estudio las cartas del Apóstol Pablo, me doy cuenta que él sentía la misma necesidad que un servidor.

De hecho, fueron las verdades que encontré en las epístolas paulinas las que me han llevado a querer consumir los años de mi vida en el estudio de la vida y la obra de Jesucristo.

El Apóstol Pablo, en su epístola a los colosenses, deja ver claramente la gran lucha que sostenía para que los creyentes llegaran a conocer a Jesucristo.

 

Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro. Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

Colosenses 2:1-3

 

 

En Filipenses encontramos la razón que tenía el Apóstol Pablo para vivir:

 

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.

Filipenses 3:7-8

 

Necesitamos revivir la pasión que movía al Apóstol Pablo. Y esa pasión jamás podrá ser revivida si no dedicamos tiempo a conocer al Señor Jesucristo. Es mi deseo que esta página despierte el hambre en usted, de conocerle a Él más cada día.

Así que lo invito a que la explore con atención y mucho cuidado. Pues deseo, con todo mi corazón, que Dios lo llene de la revelación del amor de su Hijo Jesucristo. Y si tiene algo que aportar para el engrandecimiento del conocimiento del Hijo de Dios, pues le invito a colaborar con esta página. Solo envíeme su artículo a través de nuestro correo electrónico y si llena los criterio para ser publicado, sin duda que lo será.

Dr. Elio Rivera.

 

 

 

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